María Verza | México D.F., martes 11/09/2012
“Por los muertos de esta absurda guerra contra las drogas que vienen con nosotros desde lejos; por los muertos de la imbecilidad terrorista del 11 de septiembre, junto con todas las víctimas de la violencia, convocamos aquí los versos de Jim Morrison para ‘ungir la tierra’, ‘para anunciar la tristeza’ que nos embarga y rezar con John Lenon, ‘démosle una oportunidad a la paz’.”
Las palabras del poeta mexicano Javier Sicilia resumen un peregrinaje de costa a costa de EEUU que le ha llevado de San Diego a Washington, un recorrido en el que las víctimas de la violencia a ambos lados de la frontera se han visto las caras.
El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha reclamado a pleno pulmón un cambio en la política contra el crimen organizado y que tanto México como EEUU asuman su responsabilidad compartida en un conflicto que ha dejado 60.000 muertos en los últimos seis años y miles de desaparecidos y desplazados. “Ayúdenos a parar esta guerra”, “Se nos va la democracia y nuestros hijos”, han gritado padres y madres de los que ya no están en 25 ciudades del país.
Contra todo tipo de violencia
A lo largo de estos 9.000 kilómetros se ha hablado de mucho más que de México. El casi centenar de organizaciones que han participado en la Caravana han pedido un mayor respeto a los derechos humanos, controles en la venta de armas, la legalización de las drogas como vía para bajar la violencia, acciones más contundentes contra el lavado de dinero y, sobre todo, la exigencia de que se haga justicia ante todos los crímenes cometidos en aras de la “guerra contra la droga”.
Javier Sicilia, que al llegar a Washington ya daba muestras considerables de cansancio, ha intentado llamar la atención de la sociedad estadounidense hacia una realidad que tienen en la puerta de su casa y no quieren ver. Por eso, rezó junto al muro fronterizo que divide la playa de Tijuana/San Diego e increpó a Joe Arpaio en su propio despacho, el sheriff que criminaliza y encarcela a los inmigrantes en Maricopa, un pueblo de Arizona.
También compró un fusil de asalto con un puñado de dólares, tan fácil“como si fuera un dulce” en una de las miles de armerías que plagan la frontera para destruirlo después y pronunciar, alzando sus trozos sobre su cabeza, un particular ‘no’ a las armas.
Numerosas actividades reivindicativas
Al llegar a Nueva York, uno de los destinos favoritos de miles de jóvenes mexicanos, las familias de las víctimas se emocionaron e indignaron por no poder estar ahí con sus seres queridos al lado. Hubo marchas, vigilias, conferencias, actos culturales y hasta el infructuoso intento de abrir una cuenta en el banco HSCB (actualmente investigado en EEUU por lavado de dinero, en parte, procedente del crimen organizado) con dólares ensangrentados.
El dolor compartido de los integrantes de la Caravana sí llegó, sin embargo, a muchos ciudadanos. “La gente lloró al escuchar nuestro relato”, comenta por teléfono a ElMundo.es Guadalupe Fernández, madre de un desaparecido. “La acogida ha sido muy cálida. Muy diferente a lo que pasa en México. Allí hay indiferencia de todo aquel al que no le toca el problema. Se han acostumbrado a la muerte”.
Fernández destaca la solidaridad recibida de los exiliados latinoamericanos que viven en Estados Unidos y de las propias víctimas de la violencia en el país. “Me impactó el relato de una mujer afroamericana de Harlem que nos contaba como la policía había matado a su hijo sin dar más explicaciones”.
Políticos “arrodillados”
Plantados frente a la Casa Blanca y con los actos de recuerdo a las víctimas del mayor atentado terrorista de fondo, Javier Sicilia reclamó un encuentro con el presidente Barack Obama. La respuesta fue una reunión con un funcionario de segundo nivel del Departamento de Estadoal que tenía previsto entregar un bloque de cemento mezclado con las armas que destruyó en Houston.
“No están tocando los problemas fundamentales. Le sacan la vuelta, ¿Por qué Obama no puede hacer lo que sabe que tiene que hacer? Porque está arrodillado frente a los capitales. Le tiene miedo a la Segunda Enmienda” (la que reconoce el derecho a llevar armas).
El recorrido también ha servido como altavoz a las críticas contra el Gobierno de Felipe Calderón al que Sicilia llamó “traidor” por no publicar la Ley de Víctimas que les prometió y que sería el primer paso para apoyarles en la búsqueda de la justicia y de las personas todavía desaparecidas.
“Nos ha traicionado, ha humillado a las víctimas, reiteró en cada ciudad a la vez que alertaba del peligro de dejar sin castigo crímenes de “lesa humanidad” o que políticas como la guerra contra el narco actual abran camino a “estados autoritarios”.
Últimos días
Mañana miércoles se cerrará oficialmente la Caravana con varios actos culturales y la declaración del Día Internacional por la paz en México.
Además, se han convocado “diez días por la paz y los derechos humanos” llenos de protestas y reclamos. Los mexicanos han recibido el apoyo de organizaciones civiles, sindicatos o movimientos como ’Ocuppy Wall Street’; han llenado páginas en muchos periódicos estadounidenses y se han reunido con los políticos que han querido escucharles. Pero nadie se engaña.
“Esos políticos no van a cambiar nada pero hemos puesto una semillita que irá creciendo y se fortalecerá”, afirma Guadalupe Fernández. ”Va a ser muy difícil que nos hagan caso en EEUU”, reconoce otra mujer, Olga Reyes Salazar, tristemente famosa en México porque seis miembros de su familia fueron asesinados. “Pero ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos a llorar? ¿Dejar que aumente la cifra de muertos?”.


















