SEPTIEMBRE 11, 2012Manuel Larios
- El Movimiento por la Paz llegó a Nueva York y realizó una manifestación en el banco HSBC, acusado de lavar dinero para el narco
Nueva York.- El ejecutivo de atención a clientes observó con curiosidad al grupo de activistas y fotógrafos, encabezadas por Javier Sicilia, que ingresaron a la sucursal de HSBC en el 625 de la avenida Broadway.
La curiosidad se volvió desconcierto cuando el hombre del chaleco café y sombrero estiloIndiana Jones abrió frente a él un pequeño portafolio lleno de billetes de un dólar manchados con tinta roja, y le soltó una frase en un idioma que no entendió.
“Queremos lavar este dinero, por favor”, le dijo el poeta, al tiempo que le acercaba el portafolio. El ejecutivo alzó los hombros y echó un vistazo alrededor de las cámaras y celulares que documentaban cada segundo de lo que sucedía.
Fue hasta que el poeta Coco González de León tradujo las palabras de Sicilia que el ejecutivo quizá comprendió que algo extraño estaba por ocurrir. Entonces alejó las manos del portafolio con los billetes “ensangrentados” y negó repetidamente con su cabeza.
“Aquí lavan dinero, ¿no? Queremos que nos lave éste dinero”, insistió el líder de la caravana por la paz; para ese momento, el poeta agitaba dos billetes frente al rostro incrédulo del ejecutivo bancario.
Otro funcionario se acercó para reiterar que en ese banco no se realizaban ese tipo de operaciones. Al menos no públicamente, pues apenas el 16 de julio de 2012, este grupo financiero de capital británico fue denunciado por el comité permanente de investigación del senado de Estados Unidos por realizar operaciones irregulares que permitieron a grupos de la delincuencia organizada “blanquear” alrededor de dieciocho mil millones de dólares a través de sucursales en México, Islas Caimán, Arabia Saudita e Irán.
“Lavaron dieciocho mil millones de dólares; queremos lavar también el nuestro, llame al director; (este dinero) ha costado muchos muertos, mire: sangre, sangre”, continuó Sicilia, y agitó con más fuerza los billetes manchados de rojo a ambos empleados del banco. “Aquí hay delincuentes, tengo un hijo muerto porque lavan dinero en este banco”.
Al aumentar el tono de la protesta, un policía intervino y lanzó el amago: “La puerta está abierta y es hora de irse; si deciden quedarse, serán arrestados”.
“No quieren lavar nuestro dinero y aparte nos amenazan. Nos vamos”, dijo el líder de la caravana por la paz.
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Esta fue la segunda visita de Teresa Carmona a Nueva York. La primera ocasión estuvo aquí de vacaciones con sus padres. Fue en 1982. Visitó teatros y museos. Ni siquiera pasó cerca de la zona financiera que este día conoció para protestar contra la laxitud de las medidas internas de los bancos respecto al combate al lavado de dinero.
Durante la conferencia de prensa en las escalinatas del Ayuntamiento neoyorkino, Teresa -una mujer delgada, de mirada afable y piel muy blanca- repasó y anotó en un “acordeón” los argumentos que utilizaría para sensibilizar a una de las dependientes de HSBC sobre el daño causado por las operaciones de blanqueo de capitales provenientes del narco y otras organizaciones delincuenciales, con ayuda -por omisión o complicidad- de instituciones financieras.
En el “acordeón”, Teresa llevaba los datos y cifras millonarias reveladas por el estudio del senado estadounidense que provocaron un escándalo mediático en torno a HSBC, pero a fin de cuentas se limitaron a sanciones económicas y un “usted disculpe” de parte del consejo directivo del banco con sede en Londres, Inglaterra.
“Esta acción la vamos a aquilatar más adelante y toda esa gente políticamente correcta que ahora nos critica, más adelante va a entender la importancia y alcance de esta caravana”, me dijo Teresa, mientras se untaba bloqueador para proteger su piel del abrasador sol de mediodía que calentaba el centro de Nueva York.
Al final, Teresa optó por una estrategia menos agresiva y después de preguntar si podrían “lavarle el dinero ensangrentado”, platicó con la cajera del banco sobre la historia de su hijo Joaquín García Jurado, un estudiante de arquitectura de la UNAM asesinado en su departamento del Distrito Federal el 7 de agosto de 2010; hace exactamente veinticinco meses.
También le contó a la cajera que con las ganancias generadas por el blanqueo de efectivo, los cárteles de la delincuencia organizada tienen más capacidad para corromper y matar.
“Le enseñé la foto de mi Joaquín y le platiqué de él; parecía nerviosa, pero estuvo bien”, comentó Teresa al salir de la sucursal de HSBC, donde mostró a la prensa los billetes que minutos antes intentó entregar a la dependiente y gritó:
“Este es dinero ensangrentado, la sangre de mi hijo está en estos billetes. No hay forma de limpiarlos”.
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Tras retirase de la sucursal de HSBC, Javier Sicilia, Coco González y Teresa Carmona se encaminaron al distrito financiero de Wall Street, en la parte baja de la isla de Manhattan.
“HSBC es sólo un símbolo, es una muestra de la falta de compromiso de los gobiernos para atacar uno de los tentáculos medulares del crimen organizado como es el lavado de dinero”, comentó Sicilia de camino al edificio sede de la bolsa de valores de Nueva York.
“Ellos fueron los más pendejos porque los agarraron, pero no son los únicos”, secundó de inmediato Teresa.
Mientras caminaban por las calles del corazón financiero estadounidense, cientos de trabajadores y turistas interrumpieron su hora de comida o trayecto para observar la marcha y escuchar las consignas de los caravaneros.
“¿Hay una guerra contra las drogas?”, preguntó una persona afuera del Chase Manhattan Plaza. El empleado de una carreta de comida rápida Pasha’s Halal Food, por su parte, intentó vender, sin éxito, al menos un kebab de cordero con arroz a los manifestantes.
Al llegar a la estatua de George Washington que custodia la sede de la casa de bolsa en Wall Street, Javier Sicilia pronunció un severo discurso contra la voracidad de los capitales que desde el interior de ese edificio han “arrodillado” a la democracia para alcanzar el mayor porcentaje de utilidades en sus empresas y corporativos.
“Ese edificio donde está la bandera estadounidense, degrada a los padres fundadores y la vocación democrática de esta nación; ese edificio es el símbolo de la ignominia, es el símbolo de los capitales que lavan dinero, que se aprovechan también de la guerra, ese edificio humilla a la democracia, a esta nación, y a todas nuestras naciones”, gritó Sicilia con su dedo índice señalando al centro financiero de Nueva York.
El poeta comentó que para vencer a los grandes capitales “del horror, del dinero y de la sangre” será necesario vencer la indiferencia y alcanzar la unidad entre los mexicanos y estadounidenses conscientes.
“Este es un momento simbólico donde George Washington y la democracia, al lado de estos ciudadanos y de muchos otros, han vuelto a alzar la voz en nombre de la dignidad y de la paz”.
Mientras los caravaneros se marchan del monumento a Washington, activistas locales entregan un volante con un laberinto impreso que hace referencia a deudas, ambición, intereses corporativos, pobreza, y muchos otros problemas, incluido el lavado de dinero. Todas las problemáticas del laberinto se unen en el centro del volante, en el cual se lee la frase: todos los caminos llevan a Wall Street.


















